sábado, 18 de febrero de 2017

Isaberrysaura mollensis, un nuevo dinosaurio jurásico con semillas en su estómago.

Un equipo de paleontólogos ha descrito una nueva especie de dinosaurio, cuyo fósil se encontraba en un yacimiento marino. El hallazgo revela que el dinosaurio tenía una masa de semillas mineralizadas en el interior de la carcasa, lo que representa la primera evidencia de alimentación en un ornitópodo primitivo en el Jurásico.
Isaberrysaura mollensis es el nombre del nuevo dinosaurio que vivió hace 180 millones de años y que acaba de ser descrito por un equipo de paleontólogos, liderado por José Ignacio Canudo, coordinador principal del grupo Aragosaurus de la Universidad de Zaragoza, en colaboración con investigadores de universidades de Argentina y de Portugal.

La carcasa articulada de este dinosaurio fue encontrada dentro de un yacimiento en el fondo del mar de la provincia de Neuquén (Argentina), lo que evitó que fuera devorada por predadores. Una de las principales singularidades de este nuevo fósil es la presencia en la zona del interior de la carcasa de una importante masa de semillas mineralizadas, lo que representa la primera evidencia de alimentación en un ornitópodo primitivo en el Jurásico.

La revista Scientific Reports recoge este hallazgo en el que han participado el equipo de investigadores de la Universidad de Zaragoza, junto a otros paleontólogos de la Universidad de Río Negro-Conicet, Universidad de la Plata, Museo Olsacher de Zapala, Museo de Huincul (Argentina) y Fundação para a Ciência-Universidade Nova de Lisboa, (Portugal). Según los científicos, este dinosaurio presenta tres singularidades que lo hace único en el registro fósil de dinosaurios a escala mundial.

La carcasa de Isaberrysaura se recuperó en la Formación Molles (Argentina) depositada en el fondo del mar. De hecho en esta formación además de animales invertebrados como ammonites hay vertebrados marinos como ictiosaurios o plesiosaurios. Sin embargo, los dinosaurios como Isaberrysaura eran animales terrestres y por tanto para que sus restos fueran encontrados en rocas marinas tuvieron que ser transportados mar adentro. Los huesos de Isaberrysaura se encontraban articulados en el yacimiento. “Esto es importante porque nos ha permitido recuperar una información paleobiológia única”, señala Canudo.

Una de las particularidades de este nuevo fósil es el hallazgo dentro de la carcasa del contenido estomacal, formado por una importante masa de semillas mineralizadas. “Se trata, por tanto, de una evidencia directa de alimentación por parte de Isaberrysaura. En el registro fósil hay muy pocas evidencias de alimento en el interior de carcasas de dinosaurios herbívoros y, hasta el momento, solo habían sido descrito en hadrosaurios y ankilosaurios. Así es la primera evidencia de alimentación en un ornitópodo primitivo y en el Jurásico”. Fuente; agenciasinc.es. Fotografía del fósil del cráneo. / J.I. Canudo

viernes, 17 de febrero de 2017

Knoetschkesuchus, un nuevo cocodrilo marino del jurásico de Alemania.



Un fósil de un pequeño cocodrilo descubierto en la Langenberg Quarry, en Alemania, podría ser una nueva especie, según revela un estudio publicado este miércoles en la revista de acceso abierto 'Plos One' por Daniela Schwarz, del Instituto Leibniz para la Investigación Evolutiva y la Biodiversidad, Alemania.
 
Langenberg ha demostrado ser una rica fuente de fósiles vinculados con el mar, incluyendo pequeñas especies de atoposáuridos como cocodrilos. Los restos fosilizados de este cocodrilo estaban excepcionalmente bien conservados, pero había pastes que estaban en el sedimento, lo que dificultaba el examen completo de los restos fósiles.

Después del análisis inicial, se asignó al cocodrilo al género de 'Theriosuchus'. Para estudiar este atoposáurido en más detalle, Schwarz y sus colegas hicieron una reconstrucción tridimensional de uno de los cráneos fósiles con micro-tomografía computarizada.

Los investigadores concluyeron que el atoposáurido que estudiaron es realmente una nueva especie, a la que bautizaron 'Knoetschkesuchus'. Esta conclusión se basa en características únicas del cráneo, como aberturas en el hueso de la mandíbula y delante del ojo, así como de la morfología dental, que puede reflejar especialización dietética. Se cree que la diversidad de la morfología dental fue un conductor de la evolución de los atoposáuridos durante el Jurásico.

"El estudio describe un nuevo diminuto cocodrilo 'Knoetschkesuchus langenbergensis' que vivió hace 154 millones de años en el noroeste de Alemania", resume Schwarz. "Knoetschkesuchus' pertenece al linaje evolutivo que conduce a los cocodrilos modernos. Por primera vez, tenemos dos cráneos en 3D de este grupo, lo que nos permite realizar detallados estudios anatómicos a través de imágenes de micro-TC. Nuestra investigación es parte del proyecto 'Europasaurus' que estudia los restos de un ecosistema único de la isla jurásica en el norte de Alemania". Fuente: lainformacion.com

domingo, 12 de febrero de 2017

Como rescatar un gran gliptodonte y no fallar en el intento.





Durante las VI Jornadas Paleontológicas Regionales llevadas a cabo en la ciudad de Santa Clara del Mar, en la provincia de Buenos Aires, se dio a conocer una nueva técnica para recuperar grandes tocones de sedimento con fósiles en su interior por parte de una experiencia llevada a cabo por personal del Museo Municipal Punta Hermengo de Miramar.

Los afloramientos fosilíferos pueden tener variantes en su dureza, el tipo de fosilización del organismo, la manera directa o indirecta de llegar al material paleontológico, los recursos técnicos y económicos de las instituciones participes, influyen sobre el resultado exitoso del rescate paleontológico.

Si bien la extracción de un gran bochon de varias toneladas parece algo clásico en la paleontología, podemos decir que no siempre se realiza de la misma manera, por la cantidad de variantes ya expresadas. A lo largo y ancho del país, grandes, medianos y pequeños museos tienen experiencias fallidas en la extracción y traslado de grandes piezas hasta los respectivos laboratorios, donde se los procesa técnicamente para su posterior estudio, exhibición o colección.

El Museo Municipal Punta Hermengo logro la recuperación de su tercera coraza de un enorme Glyptodon s.p (Mammalia, Cingulata, Glyptodontidae) en sedimentos del Pleistoceno medio-superior en los barrancos del litoral marítimo del Bosque del Vivero dunicola Florentino Ameghino de la ciudad de Miramar con la construcción de una novedosa estructura desarmable, única y original para su extracción, traslado al museo y la respectiva documentación del proceso técnico.


 

jueves, 9 de febrero de 2017

Investigadores de la UNED descubren la utilidad de la armadura ósea de los últimos dinosaurios gigantes.



La revista Scientific Reports, perteneciente al grupo Nature, publicó ayer un artículo firmado por el Grupo de Biología Evolutiva de la UNED, al que pertenece el profesor Francisco Ortega, en el que se afirma que los osteodermos eran empleados como fuente de minerales para la formación de la cáscara de los huevos por las hembras de los titanosaurios

Durante el Cretácico Superior, la actual serranía de Cuenca estaba habitada por dinosaurios saurópodos gigantes que pertenecían al grupo de los titanosaurios, algunos de los cuales presentaban una coraza compuesta por huesos incluidos en la piel llamados osteodermos. Hoy, más de 70 millones de años después y gracias a los fósiles hallados en el yacimiento de Lo Hueco, en la localidad conquense de Fuentes, los investigadores del Grupo de Biología de la UNED, encabezado por el profesor Francisco Ortega, han podido averiguar que, además de su posible función defensiva, esta armadura –poco frecuente en el registro fósil de estos animales- cumplía una misión distinta, ya que era empleada por las hembras como fuente de minerales para la formación de la cáscara de los huevos. Así lo han reflejado en el artículo que se publica hoy en Scientific Reports, la revista digital Open Acces del grupo Nature, y que firman junto a investigadores de la Universidad Autónoma de Madrid en el marco de un proyecto de investigación del MINECO.

Los investigadores han podido llegar a la conclusión de que los osteodermos podrían ser una fuente natural de calcio para las hembras de titanosaurio gracias, por un lado, a la excepcional concentración de restos de titanosaurios de Lo Hueco (la muestra de osteodermos del yacimiento depositada en el Museo de Paleontología de Castilla La Mancha es, de hecho, una de las colecciones más representativas a nivel mundial) y, por otro lado, a las nuevas tecnologías,” que están permitiendo una novedosa aproximación a algunos de los enigmas que proponen los fósiles”, señala Daniel Vidal, el autor que ha liderado esta investigación.   

“En este caso”, continúa el investigador, “mediante tomografía axial computerizada (TAC), se ha podido analizar la estructura interna de los osteodermos sin necesidad de cortarlos o dañarlos. Este análisis ha permitido constatar la disposición de alguna de sus estructuras internas, como la presencia y recorrido de venas y nervios y la distribución y características del tejido óseo”. Fuente; portal.uned.es. Ilustración; José Antonio Peñas Artero

miércoles, 8 de febrero de 2017

Escocia y el origen de los vertebrados en tierra firme.



Hace aproximadamente 400 millones de años, en la época conocida como Devónico, una criatura salió del agua y empezó a reptar en tierra firme. No eran tiempos fáciles para los organismos terrícolas: el mundo se dividía en Gondwana y Laurasia, la concentración de CO2 en la atmósfera era siete veces la actual y los habitantes del planeta se encaminaban hacia una extinción masiva.

¿En qué lugar aprendieron a respirar aire aquellos anfibios? Hasta el momento, las evidencias más sólidas están en Rhynie Chert, un yacimiento escocés.

Allí, el botánico Liam Dolan lleva años explorando el papel que las plantas pudieron tener en la colonización de la tierra firme por parte de estos nuevos organismos. Ahora, según informa el diario The Times, Dolan y otros están organizando una conferencia en la Royal Society para principios de marzo sobre el "primer ecosistema terrestre".

Según ha revelado Dolan, "las rocas de Rhynie son una cueva del tesoro que revela cómo las plantas evolucionaron para colonizar la tierra y, de este modo, proporcionar comida y recursos necesarios para que los animales las siguieran".

En diciembre de 2016, Dolan y otros científicos del Departamento de Ciencia de Plantas de la Universidad de Oxford publicaron un estudio en Current Biology explicando cómo el mecanismo genético que hace crecer las raíces ya estaba presente en las plantas de Rhynie, y, en definitiva, en las primeras plantas conocidas, que aparecieron hace 470 millones de años.

Otras investigaciones anteriores apoyan la candidatura de Escocia como la cuna de los primeros organismos terrestres. En Torridon, al oeste de la región, se encontraron fósiles de microbios muy parecidos a bacterias y datados en unos mil millones de años. Este récord lo comparten Escocia y Estados Unidos, ya que se encontraron microorganismos similares en Michigan, probablemente unidas allá por el Proterozoico.

Además, en Chirnside, a unos 175 kilómetros de Rhynie, se encontraron evidencias de los primeros tetrápodos en pasar del agua a la tierra firme. Y la clave, lo verdaderamente importante, es que esta fauna que los científicos describieron como parecida a lagartos se ha fechado en 15 millones de años después de la extinción masiva del Devónico tardío, hace unos 355 millones de años. El descubrimiento es importante porque, entre otras cosas, los paleontólogos no lograban encontrar apenas fósiles de tetrápodos de esa época, entre los 345 y los 360 millones de años, a la que se denomina la brecha de Romer. Fuente; El Español.