miércoles, 28 de septiembre de 2016

Descubren restos de un mamífero fósil atacados por termitas prehistóricas en San Pedro.



Son restos de un Toxodon, animal que habitó la llanura pampeana durante el Cuaternario. Fueron hallados en una cantera a 3 kilómetros de San Pedro.

La excavadora de la empresa extraía toneladas de tosca en el predio ubicado a 3 kilómetros de la ciudad de San Pedro. Decenas de metros cúbicos se cargaban en los camiones que aguardaban con sus cajas vacías, la carga que luego se distribuiría en caminos o basamentos de construcciones de la zona.

El  Grupo Conservacionista de Fósiles, equipo que coordina el Museo Paleontológico “Fray Manuel de Torres”, recorría el lugar, cuando uno de sus integrantes, Matías Swistun, observó que la pala de la retroexcavadora estaba a punto de romper “algo” que afloraba en el corte artificial de terreno.


 El equipo solicitó a la empresa unas pocas horas para poder resguardar el fósil que acababa de asomar entre las rocas. En poco tiempo, pudieron observar que ese “algo” eran los restos fosilizados del brazo de un Toxodon, un gran mamífero que habitó la llanura pampeana hasta hace unos 8.500 años atrás.

Una vez que los restos fosilizados llegaron al Museo, se les realizó la preparación habitual para poder observar detalles, identificar las piezas y evaluar su potencial valor científico. Sin embargo, los fósiles recuperados reservaban una sorpresa…

Entre los huesos había tres enormes falanges de los dedos del animal, algunos metápodos que conformaban la mano del mamífero, la ulna (cúbito, en los humanos) y el radio.

Pero el detalle que atrajo la atención del equipo del Museo fueron unas extrañas marcas presentes en los huesos del antebrazo del animal, que mostraban, claramente, señales de haber sido devorados por algún animal prehistórico.

Las marcas de las mordidas, distribuidas en diferentes sectores de la superficie del fósil, se presentan en patrones con forma “estrellada”, con líneas radiales que parten desde un mismo punto. Dicho patrón se repite en varios sectores y son notorias a simple vista. A su vez, algunas se agrupan o superponen unas con otras, conformando una especie de “mancha” calada en el hueso fosilizado que las hace más notables aún, comenta José Luis Aguilar, Director del Museo de San Pedro.


Este tipo de marcas son extremadamente raras ya que, las que se han observado en otros casos en nuestro país y el mundo, son claramente más pequeñas, siendo, algunas, hasta microscópicas. En el caso del fósil de San Pedro, el tamaño de las mordidas es muy considerable.

Para la evaluación de este particular descubrimiento, el equipo del museo sampedrino interactuó con diferentes investigadores de nuestro país y cotejó  las muestras con otras descubiertas en lugares tan distantes como Etiopía, Tanzania y Sudáfrica donde, décadas atrás, se han registrado ataques de insectos sobre huesos fósiles de humanos y animales.

El Dr. Eduardo Tonni, Jefe del Depto. Paleovertebrados del Museo de La Plata, y la Dra. Mariela González, del Instituto INCUAPA-CONICET (Facultad de Ciencias Sociales -Universidad del Centro, Olavarría), contribuyeron con sus opiniones y experiencia en el análisis de este tipo de materiales.

Ambos coincidieron en que las marcas corresponden al accionar de insectos, aportando bibliografía que muestra modificaciones similares producidas por termitas en estudios internacionales. A partir de este intercambio de datos, el equipo del Museo de San Pedro comenzó a relevar la existencia de termitas en esta área en tiempos prehistóricos.

Actualmente, la familia Termitidae, de la que forman parte estos voraces insectos, se ha retirado de la provincia de Buenos Aires, ocupando zonas por encima del paralelo 32, donde predominan condiciones de clima subtropical. Sólo existe una pequeña población en las sierras de Tandil y otra en península Valdez, Chubut, que podrían ser grupos relictuales de épocas pasadas.


 La desaparición de las termitas en la provincia de Buenos Aires se produjo en algún momento durante la Edad Lujanense (8.500 a 128.000 años), el mismo lapso geológico del que proviene el fósil hallado en San Pedro. Esta época, a finales del Pleistoceno, experimentó variaciones climáticas muy marcadas,  generando condiciones que no fueron las propicias para que se mantuvieran las poblaciones de estos insectos. 

Justamente, la comparación de formas y tamaños con otros casos en el mundo realizada desde el Museo Paleontológico de San Pedro, permitió establecer como principales responsables a estos insectos del infraorden Isoptera, al que pertenecen las termitas.

Desde el Museo Paleontológico de San Pedro, Aguilar, explica que “Las marcas de mordidas en los fósiles hallados en San Pedro permiten sumar un registro muy valioso para los especialistas que estudian los insectos, su comportamiento, distribución y hábitos climáticos en épocas remotas a través del análisis de los fósiles. Una oportunidad verdaderamente escasa en la paleontología del Cuaternario sudamericano.”

Fuente: Museo Paleontologico de San Pedro. Ilustracion del paleoartistas Daniel Boh (ilustrativa).

domingo, 25 de septiembre de 2016

Descubren en Portugal 700 huellas de dinosaurios megalosáuridos que se alimentaban de peces.


Investigadores del Instituto Catalán de Paleontología (ICP) han documentado en una cantera del Vale de Meio (Portugal) más de 80 rastros y 700 huellas de dinosaurios carnívoros del grupo de los megalosáuridos que aprovechaban la bajamar para alimentarse de los peces atrapados en las aguas de una laguna interior.
Según ha explicado la investigadora del ICP Novella Razzolini, que ha liderado la investigación, la concentración de más de 700 huellas de estos cazadores solitarios supone “un excepcional hallazgo”, que ha sido publicado en la revista Scientific Reports.

Razzolini ha señalado que el Jurásico medio -la época que va desde hace 174 a 163 millones de años- es llamada “la era oscura” de los dinosaurios ya que el registro fósil ha proporcionado pocas evidencias de huesos y huellas de esta etapa sobre los dinosaurios carnívoros (terópodos), que estuvo dominada por los megalosáuridos, animales de gran tamaño que se desplazaban de forma bípeda.

El comportamiento piscívoro de los megalosáuridos no ha sorprendido a los investigadores ya que se habían documentado restos de peces en los contenidos estomacales de un megalosáurido en Francia, pero nunca hasta ahora se habían encontrado evidencias de desplazamientos con un claro objetivo de alimentación.

La cadena alimenticia hace 48 millones de años plasmados en tres fósiles asociados.



Paleontólogos han descubierto un fósil que ha conservado un insecto dentro de un lagarto en el interior de una serpiente – una batalla prehistórica de la cadena alimenticia, que terminó en un lago volcánico hace unos 48 millones de años.

No está claro cómo murió la serpiente, pero lo que sí se sabe es que estaba demasiado cerca del lago profundo volcánico, por lo que probablemente fue envenenada o asfixiada por los vapores tóxicos. Su cadáver probablemente se deslizó al lago después de su muerte, donde este fue preservado perfectamente durante millones de años. Si bien la combinación de serpiente-lagarto-insecto es única en el registro fósil, no es la primera vez que se ha descubierto una rareza prehistórica como esta. En 2008, investigadores austríacos encontraron un fósil de 250 millones años de edad que había conservado un tiburón que había comido algún tipo de anfibio que había comido un pez pequeño.

Era mucho más fragmentario que el fósil del hoyo de Messel, pero fue el primer indicio real de que la cadena alimenticia de la época era mucho más compleja de lo que los investigadores habían pensado. Los fósiles mejor conservados del mundo de la época del Eoceno, que tuvo lugar hace aproximadamente hace 56 a 34 millones de años, se han encontrado aquí, y Smith y su equipo ya están planeando otro viaje de vuelta. El estudio ha sido publicado en Palaeobiodiversity and Palaeoenvironments.

viernes, 2 de septiembre de 2016

Allkaruen Koi, un nuevo extraño reptil volador.



Corresponde a la especie de los pterosaurios, que vivió hace 170 millones de años. Los restos están excepcionalmente bien conservados.

Unos restos fósiles en excelente estado de preservación hallados en Chubut han permitido a los científicos descubrir una nueva especie de pterosaurio del Jurásico Inferior (hace entre 176 y 200 millones de años). Los restos incluyen una caja craneana magníficamente conservada y sin triturar y corresponde a un reptil que volaba como las aves actuales pero hace 170 millones años, y plantean un enigma de la evolución de esa especie.

"Este hallazgo es importante porque revela una de las etapas menos conocidas de la evolución de los pterosaurios y demuestra cuánto nos queda por conocer del Jurásico en el hemisferio sur", dijo a Télam Diego Pol, investigador del Conicet y miembro del Museo de Egidio Feruglio de Trelew. Se trata del más antiguo reptil volador preservado que se haya conocido y, a su vez, el registro fósil del grupo de pterosaurios más antiguo para la Argentina, cuya investigación fue publicada recientemente por la revista científica Peer J.

Pol describió que "el cráneo estaba tan bien preservado que hemos podido reconstruir la cavidad cerebral y comprender las modificaciones que tuvo ese órgano de los pterosaurios como adaptación al vuelo". El estudio del Allkaruen Koi, nombre tehuelche con que se bautizó al fósil que significa "cerebro antiguo de la laguna", muestra la evolución que tuvo su cerebro, más parecido al de las aves actuales (con quienes no tienen vinculación evolutiva), que a los de reptiles primitivos, como cocodrilos o la mayoría de los dinosaurios.

El hallazgo se hizo en la localidad de Cerro Cóndor, a la altura del río Chubut, en los sedimentos de lo que fue el fondo de una gran laguna en el comienzo de la separación de América con Africa. El neurocráneo —formado por huesos que rodean al cerebro—, las mandíbulas y las vértebras del cuello, permite observar el aumento de las áreas cerebrales relacionadas con el aprendizaje (hemisferios cerebrales) y un aumento en la capacidad visual (lóbulos ópticos).

Se trata de una especie de estadio intermedio que muestra cómo fue la evolución del cerebro en este grupo de reptiles a lo largo del Mesozoico, período conocido como la era de los reptiles. El grupo de los pterosaurios, reptiles de cabezas elongadas con crestas y, en algunos, colas como dragones, tenían un "dedo" súperlargo que unía una membrana entre el brazo y su cuerpo formando un ala que recuerda el ala de los murciélagos.

Estos extraños reptiles son tan viejos que la raíz de sus ancestros se encuentra en el origen de todos los reptiles conocidos. Además de Pol y dos paleontólogos alemanes, participaron de la investigación Laura Codorniú, de la Universidad de San Luis, y Ariana Paulina-Carabaja, del Instituto de Investigaciones y Biodiversidad de Bariloche, y miembro del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet). Reconstrucción artística de un pterosaurio. GABRIEL LÍO. La Capital de Rosario.