domingo, 30 de octubre de 2016

Astrapotherium mágnum, un mamífero gigante del Mioceno.


Mientras los Marsupiales evolucionaban, los Notoungulados hacían lo mismo para colonizar todos los ambientes. Astrapotherium es un género extinto de mamíferos placentarios del orden Astrapotheria, superorden Meridiungulata propio de Sudamérica.

Eran del tamaño de un rinoceronte y probablemente tenían una trompa corta y flexible. Su nombre significa "animal estrella" o "bestia del rayo". El astrapoterio mejor conocido es Astrapotherium magnum del periodo Mioceno Inferior-Medio, cuyos restos provienen de las rocas denominadas Formación Santacruz en Argentina, que tienen unos 15 millones de años. Gracias a que estaban atrapados en cenizas volcánicas, ha sido posible reconstruir varios esqueletos completos de astrapotéridos.

Un esqueleto casi completo de este animal se encuentra en el Museo MEF de Trelew. La preservación de la columna vertebral casi completa y articulada, hizo imposible extraerla con seguridad. De este modo el ejemplar fue montado con las extremidades flexionadas, como si estuviera echado sobre su vientre.

El esqueleto permite apreciar que los astrapoterios eran criaturas bastante distintas a ninguna otra. Astrapotherium era un animal grande, quizás tanto como un búfalo africano (800 Kg) o un rinoceronte indio (1000 Kg), su cuerpo era largo, de cerca de 2,7 metros de longitud y una altura a la cruz de 1,40 metros, con patas relativamente cortas, muy similar en proporciones a un hipopótamo. El cráneo de Astrapotherium era corto pero la mandíbula inferior era larga, los caninos eran largos y los molares macizos; los molares de los astrapoterios recuerdan vagamente a los de los rinocerontes. Imagen; MEF.

viernes, 28 de octubre de 2016

Hallan el extremo de la cola de un enorme armadillo prehistorico en la localidad de San Pedro.

Un enorme mazo acorazado que perteneció a la “cola” o tubo caudal de un armadillo gigante del género Doedicurus fue descubierto en una cantera del partido de San Pedro, al norte de Buenos Aires.

La gran pieza fosilizada, de unos 60 kilogramos, fue golpeada por la pala de una retroexcavadora que realizaba tareas en una cantera del partido bonaerense. El operario acercó rápidamente los fragmentos recuperados al Museo Paleontológico de San Pedro,  donde su equipo realizó las tareas de restauración e identificación del fósil descubierto.

Al principio sólo eran pedazos sueltos, pero todo comenzó a tomar forma luego de algunas horas de preparación”, relatan integrantes del Grupo Conservacionista de Fósiles, equipo fundador del museo sampedrino. “Al cabo de algunos días de trabajo en el laboratorio, se pudo salvar una pieza que llegó destruida y confirmar que se trataba de un gran mazo óseo de importantes dimensiones. Estas abultadas formaciones de tejido muscular, huesos y púas, similares a las que poseían los anquilosaurios (dinosaurios del Cretácico), estaban presentes en el extremo de la cola de los gliptodontes del género Doedicurus”, comentan desde el museo.

Los Doedicurus fueron uno de los géneros que lograron mayor desarrollo corporal dentro de la gran familia de los gliptodóntidos, llegando a superar los 1.500 kilogramos de peso y a desarrollar corazas de hasta 5 centímetros de espesor. Su cuerpo estaba totalmente “blindado” por esos escudos protectores, su cabeza protegida por un rígido casquete y su cola cubierta de una gruesa capa ósea que terminaba en un poderoso mazo del que salían púas córneas para intimidar a cualquier atacante.

Algunos investigadores señalan que este mazo con púas podría haber sido característico de los machos de la especie que lo utilizaban en épocas de disputas territoriales o sexuales. También como arma de defensa ante posibles depredadores.
El Jefe del Departamento de Paleontología de Vertebrados del Museo de Ciencias Naturales de La Plata, Dr. Eduardo Tonni, comenta que “en el sitio arqueológico “La Moderna”, partido de Azul, en provincia de Buenos Aires, los restos de Doedicurus se han hallado asociados a artefactos líticos elaborados sobre rocas silíceas; la datación de dichos restos dio una antigüedad de alrededor de 8.000 años antes del presente y constituye unos de los primeros registros de convivencia del hombre con ejemplares de la fauna extinguida de grandes mamíferos.” Imagen: Un integrante del Museo Paleontológico de San Pedro realizando tareas de restauración sobre el “mazo” de Doedicurus. Fuente; Museo Paleontológico de San Pedro realizando. Ilustracion del paleoartista Daniel Boh.

martes, 25 de octubre de 2016

Recuperan fósiles de un extraño carnívoro de tres millones de años en Miramar.



El peculiar hallazgo de restos parciales del esqueleto de un carnívoro prociónido que vivió en la región pampeana bonaerense hace unos 3 millones de años, fueron recuperados y dados a conocer por personal del Museo de la ciudad de Miramar, Argentina.

Durante el Plioceno, la región costera de la actual provincia de Buenos Aires era muy distinta, ya que, la localidad de Miramar se hallaba en el centro continental y la zona estaba poblada por numerosas especies de mamíferos, aves y reptiles, según demuestran más de un siglo de hallazgos paleontológicos en la región.

Personal del Museo Municipal Punta Hermengo de esta ciudad, dependiente de la Secretaria de Turismo y Cultura de la Municipalidad de General a Alvarado se encontraba realizando tareas de prospección al norte de la ciudad, luego de sucesivos temporales, y encontraron en sedimentos pertenecientes al interior de una paleocueva (o madriguera prehistórica) un grupo de huesos fósiles entremezclados, y que pertenecieron a un Cyonasua lutaria, emparentado con los coatíes y los mapaches actuales, pero de tamaño mayor y extinto.

Cyonasua, guarda importancia en los estudios paleogeograficos, ya que pertenece a la fauna invasora, cuya estirpe evoluciono en Sudamérica desde el Mioceno, es decir, hace 10 millones de años, siendo unos de los primeros carnívoros placentarios que invadieron el continente isla de Sudamérica, luego de un largo proceso de aislamiento geográfico por mas de 35 millones de años.

El material recuperado de este carnívoro primitivo esta constituido por fémur, tibia, sacro, costillas, vértebras varias, falanges y garras. Las ramas mandibulares y dientes, ya habían sido recuperadas hace unos 10 años, en este mismo sitio.

Creemos que se trata del mismo individuo, que se encontraba asociado a otros roedores, anuros, armadillos y marsupiales de la misma época, como así también “coprolitos” (excremento fosilizado) el cual determino la publicación de un extenso articulo científico (en ingles) en la prestigiosa revista científica Historical Biology, An International Journal of Paleobiology, realizada por Marcos Cenizo de la Fundación Azara, Universidad Nacional de La Pampa y Universidad Maimónides, junto a Esteban Soibelzon del Museo de La Plata, y Mariano Magnussen Saffer del Museo Municipal Punta Hermengo de Miramar, argumento Daniel Boh, director del museo miramarense.

El material esta siendo preparado en el laboratorio del museo para una futura exhibición y para aquellos investigadores que deseen estudiarlo, dentro del marco de la ley 25723 que protege el patrimonio paleontológico y arqueológico de la Republica Argentina.

“Seguiremos examinando el sitio ante la posibilidad de que aparezcan nuevos restos de este poco frecuente carnívoro prehistórico”, finalizo Boh.

lunes, 24 de octubre de 2016

Pseudhapalops, el perezoso que vivió en la selva “patagonica” en el Oligoceno.



A finales del Oligoceno, hace 24 millones de años, los Xenarthros estaban bien representados y adaptados en América del sur, el cual, en el Mioceno se encontraba geográficamente bien distribuido por la actual patagonia Argentina. Pseudhapalops era de tamaño chico, media hasta un metro de largo, a diferencia de sus gigantescos parientes del Pleistoceno que superaban los cuatro metros de altura. Tenia garras muy desarrolladas y curvas (una característica común entre los mamíferos edentados) seguro debe haberse visto desplazarse sobre sus nudillos anteriores. Es muy probable que pasara la mayor parte de su tiempo en las copas de los árboles, sujetándose de sus garras y alimentándose de frutos suculentos en los tupidos bosques sub tropicales del Oligoceno. Como todos los edentados, Pseudhapalops tenia pocos dientes y sin esmalte. Sus mandíbulas solo tenían cuatro pares de dientes. Si bien hoy en día la Patagonia Argentina es un gran desierto, durante el Oligoceno y Mioceno estaba constituida por grandes y extensas selvas, evidenciado por la diversidad faunistica y botánica recuperada. Otras especies relacionadas; Eucholoeops ingens y Pelecyodon s.p. En la foto; Esqueleto incompleto de Pseudhapalops s.p, exhibido en el Museo de La Plata. Oligoceno-Mioceno temprano de Santa Cruz.

sábado, 22 de octubre de 2016

Maresaurus, un gran reptil marino del Jurasico de Argentina.



Es un género extinto de pliosaurio procedente del Jurásico Medio (Bajociano) de lo que ahora es Argentina. La especie tipo, Maresaurus coccai, fue nombrada por Gasparini en 1997. Análisis filogenéticos recientes han encontrado que Maresaurus es un romaleosáurido. Se caracterizaban por tener cuerpos robustos y anchos, cabezas grandes sostenidas por un cuello corto con dientes cónicos enormes que sobresalían en las puntas de sus mandíbulas y cuatro aletas grandes como remos que les daban mucha velocidad en un solo impulso, siendo las aletas posteriores algo mayores que las delanteras, al contrario de los plesiosaurios propiamente dichos. Fueron reemplazados a finales del Cretácico por depredadores más rápidos y mejor adaptados al medio como los mosasaurios. Fue hallado en la Formación Los Molles, en la ciudad de Chacaico - a 70 kms de la ciudad de Zapala. Imagen; Cráneo en el Museo Paleontológico Olsacher de Zapala.

viernes, 21 de octubre de 2016

Felinos extintos y pequeños roedores explican el origen de la fauna sudamericana.


Uno es el grupo de mamíferos más diverso del mundo, mientras que el otro representa a los carnívoros más exitosos debido a su capacidad de adaptación a diferentes condiciones ambientales. Por estas razones, los roedores y los grandes felinos fueron elegidos para estudiar, a través de su evolución, el origen de la fauna de Sur América.

Las investigaciones están a cargo del paleontólogo del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (Ivic), Ascanio Rincón, junto a especialistas de la Universidad Nacional Autónoma de México y del Museo Argentino de Ciencias Naturales.

Hipótesis de diversos autores coinciden en que ambos grupos, roedores y grandes felinos, migraron desde América del Norte a la zona sur del continente americano. Pero cómo ocurrió este proceso y por qué se desplazaron hacia las nuevas tierras sigue siendo una interrogante para la ciencia.

“Se trata de un proceso evolutivo muy largo que implica escenarios de glaciación e interglaciación donde se crearon barreras geográficas infranqueables, que obligaron a los animales a adaptarse para sobrevivir”, sostuvo Rincón.

Para el investigador del Ivic, incluso es posible que el intercambio de especies entre la región norte y sur del continente no haya ocurrido solamente a través del puente de tierra que emergió en lo que hoy conocemos como Panamá. El flujo de especies también pudo generarse gracias a la capacidad de algunos grupos de animales de nadar entre pequeñas islas cercanas, posibilitando el tránsito norte – sur y viceversa.

Los roedores y los grandes felinos como los tigres diente de sable o diente de cimitarra son buenos ejemplos evolutivos para dilucidar el origen de la fauna suramericana, según reconoció el paleontólogo.

“Se cree que los felinos aparecieron en África y luego se consiguen registros de ellos en Europa, Asia y América, prácticamente le dieron la vuelta al mundo. El hecho de que sean el tope de la cadena alimenticia, es decir los carnívoros dominantes, significa que tienen una estrategia de adaptación alimenticia muy exitosa y prevalecen en el tiempo”, explicó Rincón.

Por su parte, la mayor parte de la gran diversidad de roedores presentes en la Tierra se encuentra en Sur América. La expansión del número de especies del grupo en tan corto tiempo, comparado con los lapsos en los que suelen ocurrir estos procesos, llamó la atención de los investigadores que participaron en el estudio, pues también puede aportar luces en la explicación del origen de la fauna de la región.

En este caso, tal como ocurre con los felinos, no se habían realizado análisis filogenéticos ni biogeográficos para determinar cómo sucedió el tránsito entre especies de la zona norte y sur del continente americano. El hallazgo de unos fósiles de ratones en el lago de Chapala, en México, comenzó a contar la historia sobre la procedencia de los roedores en América del Sur.

En 2007 los pozos de asfalto del Breal de Orocual, en el estado Monagas, se convirtieron en una vitrina para observar el pasado de los grandes felinos y de otros animales en tierras suramericanas. Homotherium venezuelensis es el nombre que se le otorgó al representante de una nueva especie para la ciencia de tigre dientes de cimitarra, hallado en Orocual. Cerca del lugar donde fue encontrado este espécimen también se identificó el fósil de un tigre dientes de sable, perteneciente a la especie Smilodon gracilis.

Ambos son el primer registro para Sur América y su descubrimiento demuestra que el comportamiento de los felinos en el Neotrópico es más complejo de lo que se había advertido, pues S. gracilis (Pleistoceno temprano) es una forma más basal o primitiva a las encontradas en América del Norte, donde presuntamente se originaron las especies que migraron hacia el sur y se han localizado ejemplares de Smilodon populator (final del Pleistoceno).

“Esta evidencia nos está hablando de un pulso de migración hacia América del Sur que no conocíamos, es decir, hay felinos que entraron de alguna manera a esta región y no habíamos podido detectarlo hasta el hallazgo de Orocual. Para saber de dónde provienen empezamos a estudiar los felinos de México porque es la conexión continental natural”, indicó el investigador del Ivic.

En esta búsqueda aparecieron los registros fósiles de dos grandes gatos descritos como “otras especies” en México. A pesar de que los análisis todavía no han culminado, pareciera que los dos ejemplares mexicanos morfológicamente resultan más basales o antiguos que los reportados en América del Norte y América del Sur.
“El material recolectado en México anteriormente tiene mucha relación con lo que encontramos en Orocual y abre nuevas posibilidades a la explicación del origen y migraciones de este grupo”, aseguró Rincón. Los resultados de estas investigaciones aún se encuentran en revisión.

El lago de Chapala es el cuerpo de agua dulce más grande de México. En una carretera cercana a su superficie se encontraron los restos fósiles de un roedor primitivo, posteriormente bautizado como Postcopemys chapalensis y perteneciente el Plioceno temprano, es decir hace aproximadamente 5 millones de años, antes de la era geológica denominada Pleistoceno.

“Es una nueva especie por una serie de características identificadas en los fósiles colectados en el lago. Los ratones más primitivos hallados al sur de América son del género Sigmodon- perteneciente a la familia Cricetidae de la que también forma parte P. chapalensis- y son descendientes de los roedores norteamericanos”, afirmó Ascanio, autor principal del estudio.

Con esta evidencia la hipótesis propuesta por los investigadores cobraba más sentido. Los ratones del grupo Cricetidae se originan en América del Norte y de alguna manera cruzaron hacia la parte sur del continente, probablemente a través de saltos de islas. Cuando la conexión de tierra entre las dos regiones se hace efectiva con la aparición de Panamá, se origina la gran diversidad de especies de roedores que hoy en día hacen vida en América del Sur.

La nueva especie descrita abre nuevas puertas para la búsqueda de respuestas sobre la aparición y comportamiento de la diversidad de fauna suramericana. “Con la paleontología podemos estudiar el pasado y para poder comprenderlo también debemos conocer la historia moderna. Sin eso es imposible entender los procesos evolutivos y preservar los ecosistemas y especies para las nuevas generaciones”, aseguró Rincón. (Fuente: IVIC/DICYT). Imagen; Fósil de Homotherium venezuelensis hallado en Orocual. (Foto: DICYT)

Más info www.grupopaleo.com.ar/paleoargentina/megafauna/index.htm

jueves, 20 de octubre de 2016

Hallan en Belgrano un Gliptodonte muy completo.

Los restos fósiles de un gliptodonte que se extinguió hace más de 10.000 años fueron hallados por una vecina cuando buscaba arcilla en el puente. Manantiales, sobre el río Salado, muy cerca de General Belgrano, confirmaron ayer autoridades del Museo municipal de esa localidad bonaerense.

“Se encontró en julio pasado, cuando una vecina, que había participado de un curso de Arqueología, vio algo raro buscando arcilla en el río”, ex­plicó Clara María Rodríguez, directora del Museo Histórico Municipal Alfredo Enrique Múlgura.

La vecina le sacó fotos con su celular y corrió a mostrarlas a las autoridades del Museo, quienes de inmediato sospecharon que se trataba de los restos de este mamífero prehistóri­co, típico de la zona bonaerense. 

Los restos pertenecen a un ejemplar de megafauna “típica de la zona que se extinguió entre 8.000 y 10.000 años atrás”. La particularidad de este caso es que el fósil encontrado está casi completo y tiene el tamaño de “un Fiat 600”, según explicaron los profesionales que lo estudian. 

“Este que encontramos era de gran tamaño y estaba entero todo el caparazón. Esta especie era herbívora y muy parecida a la mulita, pero grande”, agregó Rodríguez. “Ahora está en un galpón de ferrocarril. Es muy posible que se exponga en el verano, y estaría bueno darle un cierre a la historia del fósil”, completó. Fuente Diario Hoy. Imagen ilustrativa de un gliptodonte montado en el Museo Municipal Punta Hermengo de Miramar.

 Mas info; www.grupopaleo.com.ar/paleoargentina/principal.htm

viernes, 14 de octubre de 2016

Vegavis iaai, un antecesor de los patos conviviendo con los dinosaurios antárticos.

El equipo de investigadores argentinos encabezado por el doctor Fernando Novas ya lleva cuatro publicaciones en la prestigiosa revista Nature en 2016, en este caso, por presentar el primer registro del mecanismo de comunicación en un ave que llegó a convivir con los dinosaurios.

Luego de la conferencia de prensa realizada en el Centro Cultural de la Ciencia, el paleontólogo Fernando Novas comentó a la Agencia CTyS-UNLaM que “es un descubrimiento muy interesante porque cada huesito descubierto de este ave que vivió en la Antártida hace 70 millones de años es sumamente informativo”.
“Lo novedoso es que quedó conservada parte de su anatomía blanda”, destacó el experto . Y detalló: “Esta ave ya poseía la siringe, que es un aparato de vocalización característico de muchas aves vivientes como los patos y los canarios y que está ubicada entre la tráquea y los bronquios”.
Fernando Novas relató: “Es decir que, hace 70 millones de años atrás, antes de que cayera el aquel meteorito, antes de que se extinguieran los dinosaurios, ya había aves de aspecto moderno, parecidas a un pato, que eran aves buceadoras que vivían en el mar y obtenían de allí su alimento y que seguramente tenían que escapar del ataque de los enormes mosasaurios, que eran reptiles marinos absolutamente extintos que poblaban aquellos mares”.

El nombre de esta especie es Vegavis iaai, que la identifica por su sitio de hallazgo (la Isla Vega, ubicada al noreste de la Península Antártica), en tanto que iaai es en reconocimiento al trabajo del Instituto Antártico Argentino. Su apariencia era semejante a la de los patos vivientes y también tiene un lejano parentesco con otro grupo de aves relacionadas con los gallos, llamados técnicamente galliformes.

“Tiene gran importancia este descubrimiento y me siento muy orgulloso porque mi equipo de trabajo ya ha publicado en lo que va del año cuatro artículos en la prestigiosa revista Nature, lo que habla de que la paleontología está por el buen camino, publicando trabajos de prestigio internacional y discutiendo en la arena de lo que fue el origen de las aves en un ámbito que comúnmente estuvo controlado por científicos ingleses, alemanes, estadounidenses y chinos”, valoró el investigador del Museo Argentino de Ciencia Naturales (MACN).
Esta capacidad de emitir sonidos no solo le habrá permitido a estos lejanos parientes de los patos el poder relacionarse y reconocerse con otros animales de su especie, sea para guiar a las crías, llamar a las hembras, sino que también habrán utilizado esos graznidos para identificar el peligro y escapar de sus posibles predadores.

“Seguramente, esta capacidad de comunicarse habrá tenido un efecto muy importante en el desarrollo del cerebro, de las conexiones neuronales, que es lo que luego fue mantenido por las aves en el curso de su evolución millones de años más tarde”, consideró Novas.

Daniel Martinioni, profesional principal del Centro Austral de Investigaciones Científicas (CADIC), fue quien realizó el descubrimiento de este ejemplar en 1992, recordó: “El descubrimiento fue parte de un trabajo en equipo; encontramos una concreción en la que se asomaban algunos huesos que eran huecos, por lo que presumidos de que podía tratarse de aves”.

El técnico Marcelo Isasi – Profesional adjunto Museo Argentino de Ciencias Naturales (MACN) contó a la Agencia CTyS-UNLaM que “se trata de un fósil muy delicado que se encontró en una concreción, en un sedimento muy fino y muy duro, y muy pacientemente y durante meses fuimos sacando granito por granito de esta roca que había rodeado a este animal después de su muerte y, al prepararlo, nos dimos cuenta de que se veían esos anillos de la siringe y, luego, la investigadora Julia Clarke pudo ver en el tomógrafo que estaba completo este aparato sonoro y eso permitió hacer este trabajo fantástico”.

Federico Agnolin, quien forma parte del equipo de Novas en el MACN, indicó: “Participé del estudio de la siringe, de la evolución que tuvo la siringe en las aves y la evolución entre los dinosaurios y las aves, al tiempo que revisamos el registro fósil de los dinosaurios para ver si alguno de ellos tenía la siringe preservada”.
“Como no encontramos dinosaurios con siringe, es de suponer que ellos, al igual que los humanos y la mayoría de los vertebrados, emitieran sonidos desde la laringe, a diferencia de las aves en que los sonidos se producen más abajo, específicamente en la siringe que se ubica en la bifurcación que hay entre la tráquea y los bronquios”.

En la foto; El doctor Fernando Novas junto a Federico Agnolin, Marcelo Isasi y Daniel Martinioni durante la presentación del descubrimiento. Fuente; Agencia CTyS-UNLaM.

 Mas info; www.grupopaleo.com.ar/paleoargentina/principal.htm

martes, 11 de octubre de 2016

Catorce mil años de presencia humana en Argentina.



Se dató en 14 mil años la presencia de un campamento de cazadores recolectores al sur de la Provincia de Buenos Aires, en el sitio arqueológico Arroyo Seco. Se alimentaban de especies de caballos extintos  y de megamamíferos del Pleistoceno. En búsqueda de piedras para hacer instrumentos, se desplazaban cientos de kilómetros hasta Tandil, Olavarría y la costa atlántica. 

El cono sur de América fue el último sector continental del mundo al que llegaron los humanos. Este hecho se produjo mucho antes de que arribaran los europeos y poco después de que, hace unos 16 mil años, un grupo de cazadores cruzara el puente terrestre que en ese momento había entre Alaska y el Noreste de Asia.

El doctor Gustavo Politis, investigador superior del CONICET y director del Instituto de Investigaciones Arqueológicas y Paleontológicas del Cuaternario Pampeano (INCUAPA, CONICET-UNICEN), comentó a la Agencia CTyS-UNLaM que “este hallazgo contribuye a identificar la  primera oleada de ocupación temprana en el Sur de América; también, hay un sitio de antigüedad  similar en Chile”.

“La datación de esta ocupación en la región pampeana es de las más precisas que se pueden  lograr hoy en el mundo”, valoró Politis. Y explicó: “Se usaron las técnicas más sofisticadas para extraer el colágeno puro, sin ninguna contaminación, de un hueso de caballo que tiene marcas muy claras de haber sido fracturado por humanos y se determinó la antigüedad tras analizar la concentración de carbono 14 en un acelerador de partículas en Estados Unidos”.

Lo más probable es que hayan fracturado dicho hueso de Equus -una especie extinta de caballo- para alimentarse. “Estos cazadores antiguos partían los huesos largos para acceder a la médula, al caracú, que es muy rico y nutritivo, aunque también es posible que lo hayan fracturado para hacer alguna herramienta de hueso”, afirmó el director del INCUAPA-CONICET.

El arqueólogo detalló que “este hueso fue partido en una especie de yunque, porque hay un golpe de un lado y un contragolpe del otro, como así también unas muescas que son producto de los golpes fallidos que le dieron antes de lograr fracturarlo, por lo que es muy claro que esas marcas fueron producidas por seres humanos”.

Además, este hallazgo está acompañado por rocas, como la cuarcita, que estos grupos traían de la zona de Tandil, como así también por calcedonias de la zona de Olavarría y rodados costeros, si bien el mar estaba unos 100 kilómetros más lejos de la costa atlántica actual.

“Recorrían unos 100 o 150 kilómetros desde Arroyo Seco para obtener estas materias primas con las que podían hacer puntas de lanza o bien cortar la carne de los grandes animales de los que se alimentaban”, describió Politis.




Estos grupos vivían sobre una especie de lomada, a unos cincuenta metros de una antigua laguna, donde se acercaban los mamíferos en busca de agua. “Hemos encontrado también huesos asociados de perezosos gigantes -megaterios- que son de la misma antigüedad; si bien las marcas de acción humana no son tan nítidas sobre estos fósiles”, indicó Politis.

La geóloga Adriana Blasi de la Comisión de Investigaciones Científicas de la Provincia de Buenos Aires (CICPBA) formó parte de este equipo de investigación para describir como fue aquel paisaje. “Estudio cómo se produjo el proceso de sedimentación y me baso en aspectos geológicos para poder definir si en ese periodo hubo momentos de sequía o alguna otra perturbación que pudiera influir en las ocupaciones humanas”, señaló a la Agencia CTyS-UNLaM.

Existen teorías que sostienen que la presencia humana pudo haber influido en la extinción de estos megamamíferos, algunos de los cuales podían llegar a superar los cuatro metros de altura. “El último registro que tenemos en Arroyo Seco de esta megafauna extinta es de unos 11300 años de antigüedad”, precisó Politis. A partir de allí, los  indígenas se alimentaron principalmente de guanacos.

Cabe aclarar que las chances de encontrar restos humanos son mucho menores que las de encontrar restos producidos por los humanos. “Cualquiera de nosotros, a lo largo de su vida, deja millones de restos y solo un esqueleto y lo mismo pasaba con  estos cazadores recolectores: ellos hacían cientos de puntas de  proyectil, cientos de boleadoras, mataban cientos de animales y todos eso fue quedando en los sedimentos”, observó Gustavo Politis.

“Se han  hecho estudios con ADN que indican que entre Alaska y el noreste de Asia, en esa época, no estaba el estrecho de Bering, sino que había un puente terrestre durante un tiempo de mucho frio y, en esa zona, quedaron aisladas unas poblaciones que generaron recombinaciones genéticas nuevas, diferentes de las asiáticas, y ellos fueron los que finalmente cruzaron los hielos hace unos 16 o 15 mil años y, a partir de allí, se expandieron con bastante rapidez en América”, relató el arqueólogo del INCAUPA y del Museo de La Plata.

El doctor Politis aseveró a la Agencia CTyS-UNLaM que eran tronco mongoloidos, un linaje asiático que se desarrolló hace 20 mil o 30 mil años. “Desde entonces, hubo miles de años de evolución y se fueron desarrollando adaptaciones según los diferentes ambientes y cambiando los rasgos físicos”, consideró el director del INCAUPA.

Los primeros Homo sapiens surgieron en el África sub Sahariana hace aproximadamente 150 mil años. Desde allí, se expandieron por Asia, Europa y el final de esa expansión por los continentes fue precisamente el cono sur de América. Posteriormente, solo quedarían islas por conquistar.

Hace 14 mil años, aun no se había desarrollado la cerámica en el mundo, no había vasijas, por lo que los pobladores de Arroyo Seco debían cocinar la carne al fuego, en una especie de parrilla de palos o directamente sobre la llama.
“Cazaban o carroñaban  animales que  podrían  morir cerca de la laguna y, de pronto, si era un megamamífero, podían encontrarse con dos o tres toneladas de carne disponible y debían de trozarlos para poder llevarlos hasta la loma en la que armaban el asentamiento, que debía estar a unos 50 u 80 metros de distancia”, narró el doctor Politis.

Politis ha realizado camapañas en Arroyo Seco desde el año 1977. En 2017, harán una nueva excavación en este sitio donde se produjeron distintos pulsos de ocupación humana en el pasado.  “Eran poblaciones nómadas y, entonces, ocupaban, se iban y después generaciones después volvían”, contó Politis. Y añadió: “Hubo otro pulso de ocupación entre los 7.600 y 5.500 años y otro pulso aun más reciente hace unos 2 mil o 3 mil años, en los cuales ya  encontramos restos de alfarería”.

En este sentido, la doctora Adriana Blasi sopesó que “otro aporte de importancia a la geoarqueología es que, sobre la base del análisis de las capas o depósitos que alojan los restos culturales, se puede tener certeza sobre la ubicación espacio-temporal del material arqueológico encontrado”. Fuente: Agencia CTyS-UNLaM.

lunes, 10 de octubre de 2016

Megalolamna paradoxodon, otro gran tiburón del Mioceno.



El depredador, llamado Megalolamna paradoxodon, vivió hace unos 20 millones de años a principios del Mioceno, y se compara a los grandes tiburones blancos de hoy.

Un grupo de investigadores anunció el descubrimiento de una nueva especie de tiburón prehistórico, comparable a los grandes tiburones blancos de hoy y emparentado al Megalodón. 
El depredador, llamado Megalolamna paradoxodon, vivió hace unos 20 millones de años a principios del Mioceno, y pertenece a un grupo llamado tiburón Lamniformes de la familia de los Otodontidae, el mismo del extinto Megalodón. 

De acuerdo a la investigación, Megalolamna paradoxodon sería un primo cercano al enorme tiburón prehistórico, aunque con “sólo” 4 metros de longitud, frente a los 18 del ya mencionado escualo, siendo “excepcionalmente raro”, según Kenshu Shimada, autor principal del estudio.

El nuevo tiburón fue descrito a partir de dientes fosilizados de hasta 4,5 centímetros descubierto en las costas de Estados Unidos, Perú y Japón, y vivió en los mismos océanos que su enorme y legendario primo, aunque contaba con dientes delanteros de agarre y traseros de corte, empleados para alimentarse de peces de tamaño mediano. 

“El hecho que un gran tiburón con una distribución geográfica tan amplia no haya sido descubierto hasta ahora es un indicio de lo poco que aún sabemos sobre el ecosistema marino antiguo de la Tierra”, afirmaron los investigadores. Fuente; La Tercera.

sábado, 8 de octubre de 2016

Oxyodontherium zeballosi, un macrauquénido del mioceno cuyano.




Era un animal más robusto y corpulento que un caballo, de miembros largos, con tres dedos en cada pie, como los tapires, un cuello largo como el de una jirafa, cuyo nicho ecológico ocupaba con formas intermedias que recuerdan al okapi y un cráneo pequeño y provisto, en vida, con una corta trompa parecida a la de un tapir.

Estos macrauquénidos son una familia extinta de mamíferos placentarios del orden Litopterna perteneciente al superorden Meridiungulata. La dentadura de todo el grupo presenta la dotación de los primeros mamíferos, con 44 dientes. El nicho ecológico fue posteriormente ocupado por litopternos de mayor tamaño y en la actualidad en parte por el guanaco. 

Otros especies relacionadas; Macrauchenia minuta (Burmeister, 1885), Mesorhinus piramydatus (Ameghino, 1885) y Oxyodontherium piramydatus (Ameghino, 1885).

En la foto cráneo de Oxyodontherium zeballosi, exhibido en el Museo de Cs Naturales y Antropológicas de Mendoza. Reconstrucción paleoartistica de un macrauquénido por el dibujante Daniel Boh.

Mas info; www.grupopaleo.com.ar/paleoargentina/principal.htm

jueves, 6 de octubre de 2016

Los extraños huevos fósiles del plioceno de Lanzarote.



Los huevos fósiles hallados en Lanzarote siguen generando descubrimientos sorprendentes que confirman que pertenecen a un ave terrestre, no voladora, de unos 4 millones de años de antigüedad, pero mantienen intacto todo su misterio: ¿Cómo cruzó el océano un ave que no nada ni vuela? Como el resto de Canarias, Lanzarote es una isla volcánica que emergió del océano hace millones de años, lo que significa que todas sus formas de vida, sean flora o fauna, han llegado a ella de fuera en varios momentos de un pasado más o menos remoto, a diferencia de otras islas como Madagascar, que un día fueron parte del continente.

Todavía hoy le separan de la costa de África al menos 120 kilómetros de mar con profundidades de hasta 1.300 metros, una cota más que suficiente para suponer que en ningún momento, por intensa que fuera la glaciación, las aguas bajaron tanto en ese punto del Atlántico como para que hubiera un paso seco entre la isla y África.

Dos equipos científicos diferentes, uno formado por centros nacionales y otro por institutos de investigación de Francia, Suráfrica y España, publican ahora sus nuevos descubrimientos sobre el yacimiento donde se encuentran esos fósiles del Plioceno, en el macizo de Famara, en las revistas Journal of African Earth Sciencies y The Sciencie of Nature.

El primero de ellos hace una revisión a fondo de los estratos fósiles que se han encontrado en el norte de Lanzarote y de su cronología, para concluir que esos depósitos se generaron en un período comprendido hace entre 4,30 millones de años (la edad de la colada volcánica sobre la que se asientan) y 3,78 millones de años (la edad de la colada que los cubrió).

En esa franja de 700.000 años de historia de la isla, los científicos han encontrado siete huevos de ratites (un antepasado del avestruz), varios huevos de tortugas terrestres y numerosos caracoles también terrestres, unas especies que hicieron suya una planicie de al menos 16 kilómetros cuadrados cubierta por arenas arrastradas por el viento, pero también por sedimentos fluviales. Fuente 20minutos.

lunes, 3 de octubre de 2016

Una de las huellas de sauropodo más grande del mundo.


La huella, de 106 centímetros de largo y 77 de ancho, es posiblemente de un titanosaurio y fue encontrada en una capa geológica de entre 70 y 90 millones de años de antigüedad. 
 
Un equipo de expertos mongoles y japoneses ha descubierto en el desierto de Gobi (Mongolia) una de las mayores huellas de dinosaurio del mundo, de 106 centímetros de largo y 77 de ancho, que se cree fue dejada por un titanosaurio, informó hoy la agencia oficial Montsame. 

La huella fue hallada el 21 de agosto por paleontólogos de la universidad japonesa de Okayama y de la Academia Mongol de Ciencias, aunque el descubrimiento no fue anunciado hasta ahora, en que se ha confirmado su autenticidad y la especie a la que perteneció. 

La pisada, en la que se puede advertir la forma de la planta y las garras, se encontró en una capa geológica de entre 70 y 90 millones de años de antigüedad, señaló la agencia mongol. 

El animal, de unos 30 metros de longitud y unos 20 de altura, pudo dejar la huella de una de sus patas izquierdas en un suelo embarrado que después, con la desertización de la zona, quedó rellena de arena, ayudando a que se conservara. 

El titanosaurio era un gigantesco animal de largo cuello, herbívoro, que habitó en el periodo Cretácico. 
"Es un descubrimiento muy especial, ya que se trata de una huella fosilizada muy bien conservada, de más de un metro de largo y signos de las garras", señaló un comunicado de la Universidad de Ciencias de Okayama. Fuente EFE.
Más info www.grupopaleo.com.ar/paleoargentina/megafauna/index.htm

sábado, 1 de octubre de 2016

Argyrolagus, el pequeño marsupial saltador de Sudamérica.




Fue un pequeño mamífero marsupial de tamaño pequeño, como un ratón (aprox. 40 cm de largo), emparentado con los actuales canguros de Australia y las zarigüeyas de América del sur. Su apariencia es muy semejante a las actuales ratas canguros de Egipto.

Tenía largas patas traseras y brazos cortos. Sus mandíbulas eran con apariencia rodariforme. Tal vez, tuvo orejas largas, pero estas no se han preservado como fósiles. Se alimentaba de vegetales e insectos y probablemente tuvo hábitos crepusculares o nocturnos.

Sin embargo, Argyrolagus fue parte de una evolución notable e independiente que tuvo lugar en Sudamérica durante los últimos 70 millones de años, cuando esta quedara aislada del resto de las masas continentales y se desarrollara una fauna única y que no se repitió en otras partes del mundo.

Estos marsupiales, mamíferos con bolsa, habían ocupado nichos ecológicos que en otras partes del mundo estaban ocupados por mamíferos placentarios. El primer hallazgo se realizó en el yacimiento de Monte Hermoso, al sur de la provincia de Buenos Aires. Es curioso que el nicho ocupado por Argyrolagus, no fuera ocupado por otra especie.

El ejemplar de la foto corresponde a un individuo recreado in situ a partir de restos fósiles conocidos. Realizado por Mariano Magnussen Saffer para el Museo Municipal Punta Hermengo de la ciudad de Miramar.

Mas info; www.grupopaleo.com.ar/paleoargentina/principal.htm