lunes, 26 de diciembre de 2016

Tingmiatornis arctica, un ave primitiva que tiene mucho para contar.


El hallazgo de fósiles de animales de millones de años de antigüedad resulta de gran utilidad para aprender sobre el pasado de nuestro planeta, pero la cosa no queda ahí, pues también puede dar mucha información sobre su futuro.

Un gran ejemplo es el de los restos fosilizados de un ejemplar de Tingmiatornis arctica, un pájaro de más de 90 millones de antigüedad que ha sido recientemente hallado por científicos de la Universidad de Rochester en el Ártico Canadiense.

El hallazgo, que ha sido publicado en Scientific Reports, ha sido un verdadero bombazo, no sólo por convertirse en el fósil aviar más antiguo jamás encontrado en el hemisferio norte, sino también porque resulta que un ave de esas características no podría haber vivido en un clima helado. Y eso es señal de que el Ártico por aquel entonces no era ni un atisbo del que es hoy en día y que, por lo tanto, el cambio climático ha avanzado a un ritmo muy diferente del que creíamos.

Aunque existe un amplio abanico de especies capaces de vivir en climas helados, éste no es precisamente el caso de una de ellas, pues ni el ecosistema que precisa para vivir ni las especies de la que se alimentan podrían sustentarse sobre el hielo.

Por eso, el ave fósil confirma que en algún momento, hace alrededor de 90 millones de años,  el Ártico se vio sometido a un periodo de sobre calentamiento que facilitó la proliferación de nuevos ecosistemas.

La pérdida de hielo del Ártico ha batido cifras récord desde 1979. Los datos de la NASA han dado la voz de alarma. Y lo que es peor, las cosas empeorarán.

Al ser hallados los restos en una zona cerca de una serie de campos de lava, formados por la deposición de magma de erupciones volcánicas pasadas, se cree que este cambio climático pudo deberse al inicio de una gran actividad volcánica, que dio lugar a la emisión de cantidades inmensas de dióxido de carbono a la atmósfera, provocando un efecto invernadero que propició el clima idóneo para este pájaro.

miércoles, 21 de diciembre de 2016

Permotettigonia gallica, un insecto en forma de hoja que vivió hace 270 millones de años.


El hallazgo sitúa los primeros seres vivos capaces de imitar formas vegetales para ocultarse de sus depredadores cerca de 100 millones de años antes de lo que se pensaba.

Las modernas langostas verdes (Tettigoniidae) se ocultan de esa forma entre las hojas y las ramas, una característica que solo se había detectado en seres vivos a partir de la Era Mesozoica (hace entre 252 y 66 millones de años).

Un ejemplar fosilizado de la nueva especie, bautizada como Permotettigonia gallica, fue encontrado en el sur de Francia por Romain Garrouste, André Nel y su grupo del Museo Nacional de Historia Natural de la Universidad de la Sorbona.

El análisis del fósil revela que había adquirido unas características de camuflaje similares a las de los modernos Tettigoniidae.

El registro vegetal disponible de hace 270 millones de años es incompleto, por lo que los investigadores no pueden identificar con precisión a que hojas de la época se parecía el insecto.

Aún así, el estudio de Garruste y Nel sugiere que el antiguo Permotettigonia Gallica debía de estar sometido a una presión por parte de sus depredadores similar a la de las actuales langostas verdes. Efefuturo.

sábado, 17 de diciembre de 2016

Hallan fosiles de Promacrauchenia cerca del campo de Golf de Miramar.



El Museo Municipal de Miramar  ha recuperado restos fósiles de una extraña criatura prehistórica de 3 millones de años en las inmediaciones de la cancha de golf local.

Al parecer se trata de vértebras, costillas, huesos largos y parte de un cráneo de un Promacrauchenia , (también se lo puede nombrar como Promacrauquenia) un gran herbívoro ya extinto, que vivió en la región pampeana hace unos 3 millones de años. El material, el cual es sumamente frágil, se encontró en sedimentos correspondientes al Plioceno, época que reinaban mamíferos y aves de gran tamaño, con un clima y ambiente similares al monte chaqueño actual, comenta Daniel Boh, encargado del museo.

La forma del cuerpo de Promacrauchenia recuerda al de un camello con trompa; alcanzaba los 1,6 metros de altura y 2,5 de largo con un peso de unos 500 kilos. Su trompa corta le serviría de labio prensil (como el tapir), para permanecer sumergido, acondicionar el aire y como herramienta de uso general. Comparten muchas adaptaciones morfológicas con los jiráfidos, con los cuales no estaban relacionados, considerada como una convergencia adaptativa o evolución paralela, sostuvo Mariano Magnussen, integrante del citado museo.

Promacrauchenia es uno de los muchos grupos de mamíferos “ungulados sudamericanos extintos” que poblaron América y de los cuales no queda ningún descendiente vivo. Los macrauquénidos evolucionaron en total aislamiento en el continente-isla de Sudamérica, desde animales herbívoros de poca alzada, hasta especies de gran tamaño y peso.

El Museo Municipal Punta Hermengo de Miramar, ya había recuperado distintos restos de un representante mas moderno, denominado Macrauchenia, el cual, aparece en varias oportunidades en la película La Era de Hielo. Pero este nuevo espécimen es un género más antiguo, del cual aun no se había hallado evidencias en nuestra ciudad. Este ejemplar  se sumara a la magnifica y variada colección de la institución.

En los trabajos de rescate también se tuvo la colaboración de Francisco Elguero Suárez. Para más información sobre este hallazgo y otros temas paleontológicos, se puede visitar el sitio Web www.museodemiramar.com.ar. y la página de facebook: Museo Miramar.

viernes, 16 de diciembre de 2016

Cráneo fósil de aetiocids muestra cómo crecieron las ballenas.


Un fósil de 25 millones de años de antigüedad denominado el cráneo de ballena de Alfred proporciona un eslabón perdido entre la evolución de las ballenas que se alimentan por filtración de sus primas dentadas - y explica cómo las ballenas se convirtieron en los animales más grandes de la Tierra.

Paleontólogos del Museo de Melbourne y la Universidad de Monash en Australia encontraron rasguños horizontales en los dientes de Alfred, que sugieren es evidencia de que la antigua ballena succionó presas a través de sus colmillos.

El trabajo, publicado en las Memorias del Museo Victoria, muestra cómo hicieron la transición las antiguas ballenas dentadas a la alimentación por filtración - y provocó el aumento de tamaño de las criaturas más grandes del mundo.

Hoy en día, las ballenas de alimentación por filtración incluyen a la ballena azul. Se llaman ballenas barbadas por las barbas como escobas que filtran el krill del agua de mar.

Es una técnica de alimentación altamente eficaz - la ballena azul puede comer más de 3,5 toneladas de krill cada día - y significa que los animales pueden llegar a tamaños gigantescos.

Pero las ballenas no siempre han estado provistas de barbas para la captura de kril. Sus antepasados ​​tenían dientes, al igual que las orcas de hoy en día.

Los huesos antiguos descubiertos por cazadores de fósiles en la costa del estado de Washington incluían el cráneo de Alfred, un antepasado de las ballenas barbadas, de un grupo ahora extinto llamado aetiocids.

Más info www.grupopaleo.com.ar/paleoargentina/megafauna/index.htm

miércoles, 14 de diciembre de 2016

Eoconfuciusornis, un ave fosil que conserva sus plumas con queratina y melanosomas.


Una nueva investigación ha hallado evidencias de conservación de queratina y melanosomas originales en un espécimen de Eoconfuciusornis de hace 130 millones de años. El estudio indica que el marco temporal en el que se pueden conservar moléculas originales es más amplio de lo creído hasta ahora, y también constituye una buena demostración de la capacidad de distinguir microestructuras muy antiguas en fósiles.

La investigación es obra de científicos de la Universidad Estatal de Carolina del Norte en Estados Unidos, la Academia China de Ciencias y la Universidad de Linyi en China.

 Los Eoconfuciusornis, pájaros primitivos del tamaño de un cuervo que vivieron hace alrededor de 130 millones de años en lo que hoy en día es China, son las aves más antiguas que tuvieron pico queratinoso y carecieron de dientes, como los pájaros modernos. Estudios previos ya sugerían que las plumas fosilizadas de estos y otros pájaros antiguos y algunos dinosaurios aviares conservaban pequeñas estructuras redondas que se interpretaban como melanosomas, orgánulos que contenían pigmento y que proporcionaban su color a las plumas.

Sin embargo, sin pruebas adicionales, no era posible demostrar que estas estructuras no fueran solo microbios que hubieran recubierto la pluma durante su descomposición y fosilización.

El equipo de Yanhong Pan, de la Academia China de Ciencias, y Mary Schweitzer, de la Universidad Estatal de Carolina del Norte, ha hecho el hallazgo analizando plumas de un espécimen de Eoconfuciusornis extraídas del yacimiento de la Biota de Jehol en el norte de China, un yacimiento paleontológico que destaca por su excelente conservación de los fósiles. Fuente; noticiasdelaciencia.

lunes, 12 de diciembre de 2016

Didelphodon vorax, y la mordedura mas fuerte.


Un nuevo estudio describe un pariente evolutivo extinto de los marsupiales llamado Didelphodon vorax que coexistió con los dinosaurios y que tenía, en relación con el peso corporal, la más fuerte mordedura conocida de cualquier mamífero, actual o extinto.

Lo descubierto por el equipo de Gregory P. Wilson, conservador adjunto de paleontología de vertebrados del Museo Burke y profesor de biología de la Universidad de Washington, ambas instituciones en Estados Unidos, sugiere que, durante la época de los dinosaurios, los mamíferos tenían una diversidad de especies mayor que lo creído hasta ahora. El Didelphodon era capaz de comer una amplia gama de alimentos, y fue probablemente un depredador-carroñero capaz de consumir presas que iban desde caracoles a pequeños dinosaurios.

Además, el equipo de investigación rastreó hacia atrás en el tiempo los orígenes de los marsupiales. Las teorías anteriores consideran a Sudamérica como el origen de estos, pero los rasgos anatómicos del Didelphodon señalan que los marsupiales se originaron en Norteamérica, y además entre 10 y 20 millones de años antes de lo que se pensaba originalmente, dispersándose y diversificándose más tarde en el sur de América.

A juzgar por su complexión física, el Didelphodon vorax debió ser un depredador temible en el ecosistema del Cretáceo tardío, incluso para algunos dinosaurios.

domingo, 11 de diciembre de 2016

Homalodotherium cunninghanni, un notoungulado del Mioceno.



Es un género extinto de mamíferos placentarios del orden Notoungulata que vivió en el Mioceno Inferior, hace alrededor de 20 millones de años en Argentina.

Los calicoterios (perisodáctilos de Eurasia), los perezosos terrestres y los osos panda son un notable ejemplo de convergencia evolutiva con los homalodoterios. Muchos notungulados no eran mayores que conejos, pero algunos se parecían más a caballos o a hipopótamos.

La mayoría de los notungulados tenía pezuñas, pero Homalodotherium poseía garras en los cuatro dedos de cada pata. En América del Sur evolucionó una amplia gama de animales herbívoros con pezuñas, en completo aislamiento porque, en aquella época, América del Sur era una isla-continente como Australia.

Al contrario que su pariente Toxodon, los caninos no estaban desarrollados. Por la forma del cráneo se supone que desarrolló una pequeña trompa. Sus extremidades anteriores eran largas, y las posteriores, más cortas, con lo que abandonaron la posición cuadrúpeda.

En las patas delanteras tenían garras enormes y curvadas, que probablemente usaban para agarrar las hojas de los árboles ya que eran ramoneadores en los bosques y es posible que se pusiesen de pie sobre sus patas traseras para alcanzar las ramas más altas. Sus miembros eran gruesos, por lo que no parece que pudiera alcanzar gran velocidad.

Medía 2 metros de longitud. La función de las garras se mantiene en el misterio; quizás usaba las garras para desenterrar raíces y bulbos jugosos o para agarrarse y trepar por el tronco de los árboles. Tal vez se incorporaba también sobre las patas traseras a fin de doblar ramas y comer hojas.

Se ha comparado a los homalodoterios con caballos con garras. La comparación sin embargo no es demasiado apropiada. Si bien la cabeza y el cuerpo se parecían un poco a los del caballo, las extremidades eran pesadas y no servían para correr. Imágenes: Maxilar de Homalodotherium cunninghanni del Mioceno de Santa Cruz, en el Museo de La Plata. Reconstrucción Kelly Taylor Illustration.

viernes, 9 de diciembre de 2016

Hallan un tumor benigno en un pariente de los mamíferos de hace 255 millones de años.



Una malformación en las estructuras dentales de una criatura que vivió hace 255 millones de años en el territorio que hoy es Tanzania demuestra cómo algunas especies extintas tenían un tumor benigno conocido como odontoma. Un problema común en los mamíferos actuales pero que resulta sorprendente en un fósil que data de antes de éstos. Así lo asegura un equipo de paleontólogos en un estudio publicado esta semana en la Revista de la Asociación Americana de Oncología Médica.

"Creemos que se trata, de lejos, del ejemplo más antiguo conocido de un odontoma compuesto", ha declarado Cristiano Sidor, profesor de la Universidad de Washington y autor principal del estudio. 

"Hasta ahora, la aparición más temprana conocida de este tumor era en mamíferos fósiles de hace un millón de años", explicó por su parte Judy Skog, director del programa de División de Ciencias de la Tierra de la National Science Foundation, que financió la investigación. "Estos investigadores han encontrado un ejemplo en los antepasados de los mamíferos que vivieron hace 255 millones de años y esto sugiere que la causa probable del odontoma no está ligada únicamente a los rasgos de las especies modernas como se pensaba".

Un odontoma, en seres humanos y otros mamíferos, es una masa de pequeños dientes juntos que crecen dentro de las encías o de otros tejidos blandos de la mandíbula. Pueden causar dolor e inflamación, pues alteran la posición natural de los dientes. Se consideran tumores benignos porque no generan metástasis y no se propagan por todo el cuerpo. No obstante, debido a los desórdenes que producen, médicos y veterinarios suelen optar por la cirugía para eliminarlos.

El animal estudiado por el equipo de Sidor, obviamente, no tuvo oportunidad de operarse hace 255 millones de años. Esta criatura ha sido bautizada como Gorgonopsia, y forma parte de un grupo mayor llamado sinápsidos, considerados precursores de los mamíferos porque poseen numerosas características en común.

martes, 6 de diciembre de 2016

Caypullisaurus, un reptil marino del Jurasico de Patragonia.




Los últimos Ictiosaurios fueron muy grandes, algunos como ballenas. Unos de ellos fue hallado en la Provincia de Chubut.  Mide más de 8 metros de largo y se encuentra exhibido en la sala del departamento de Paleontología de vertebrados del Museo Argentino de Ciencias Naturales de Buenos Aires, aunque también existían formas que no superaban el metro. 

Esta especie en particular fue un reptil marino y guarda cierta semejanza con los delfines, pues a pesar de los millones de años que separan a estas especies, ambas cubrían el mismo nicho ecológico, y es probable que este magnifico animal se halla alimentado de otros reptiles como los Plesiosaurios, peces y dinosaurios que se aventuraban a las playas de marea baja. Sus aletas traseras eran considerablemente mas pequeñas que las delanteras. Los huesos de la mayor parte de la aleta delantera se derivan de los huesos normales de dedos que se han encontrado en todos los vertebrados terrestres, pero en ellos hay muchos más.

Mientras normalmente un vertebrado terrestre tiene de 3 a 4 falanges por dedos, algunos Ictiosaurios tenían de 20 a 25 falanges. Se extinguió al final del Cretácico. Si bien la Patagonia Argentina tiene algo mas de un centenar de sitios donde se han hallado este tipo de reptil marino, recientemente se han descubierto formas nuevas en sedimentos de la Quebrada de Romoredo al sur de la Provincia de Mendoza. Otro ictiosaurio conocido es Mollesaurus periallus, recuperado en la Cuenca Neuquina. Caypullisaurus, este espécimen consta del cráneo y mandíbulas completas, vértebras troncales anteriores y posteriores, y algunas costillas. El cráneo se encontró articulado con la columna vertebral.

Como es muy frecuente en los ictiosaurios, las características estructurales del cráneo contribuyen a que no se preserve en tres dimensiones. Este ejemplar se depositó sobre su cara derecha, por lo que su cara izquierda es la que se ha preservado con todos sus elementos en posición natural y con una deformación mínima.

Esta condición ha permitido la obtención de los coeficientes craneanos cuyos valores son comparables con los del holotipo de Caypuflisaurus bonapartei. Entre los caracteres más conspicuos de este material se destacan la gracilidad del rostro y la amplia reducción de la dentición. La longitud mandibular es de 1,57 m. Cabe destacar que hasta el presente, este ejemplar es el de mayor tamaño referible a esta especie.

lunes, 5 de diciembre de 2016

Cramauchenia un mamífero del Oligoceno de Chubut.




Es un género extinto de mamífero herbívoro, miembro del orden de los litopternos, que vivió en América del Sur entre el Oligoceno superior y el Mioceno inferior.

Cramauchenia fue nombrado por Florentino Ameghino. Su nombre no tiene traducción literal; de hecho, es un anagrama del mejor conocido género Macrauchenia. El género fue conocido inicialmente de la Formación Sarmiento en la provincia de Chubut, en Argentina, siendo más tarde descubierto en la Formación Chichinales en la provincia de Río Negro y la Formación Cerro Bandera en Neuquén, también en Argentina, en sedimentos asignados a la edad-mamífero sudamericana Colhuehuapense (Mioceno inferior).

En 1981 Soria hizo de C. insolita un sinónimo menor de C. normalis. En 2010 se describió un C. normalis encontrado en Cabeza Blanca (Chubut, Argentina) en la Formación Sarmiento, en sedimentos asignados a la edad-mamífero sudamericana Deseadense (Oligoceno superior). Imágenes; Craneo de Cramauchenia insolita en el Field Museum of Natural History. Aspecto de Cramauchenia. Por John Conrad Hansen

viernes, 2 de diciembre de 2016

Un fósil de una ballena da claves sobre su evolución.



El fósil del cráneo de una ballena prehistórica dio las claves para entender cómo estos mamíferos marinos pasaron de tener dientes a "barbas", informó hoy el Museo de Victoria, en Australia.

El fósil del ejemplar bautizado como "Alfred", que se presenta hoy en Melbourne, pertenece a una ballena del extinto grupo de aetiocétidos, de unos 25 millones de años de antigüedad y que fue hallado en la costa noroccidental de Estados Unidos.

Las características de los dientes de "Alfred" suponen una evidencia única de los comportamientos alimenticios de estos enormes mamíferos poco antes de que éstos perdieran sus dientes para pasar a tener barbas, indicó el museo en un comunicado.

"Alfred", pese a tener dientes, es uno de los primeros antepasados de los primeros misticetos modernos, también conocidos como ballenas barbadas modernas, y que incluye a las ballenas azules y las jorobadas.
Los misticetos modernos tienen una estructura en la mandíbula superior parecida a pelos o cerdas que le sirve para filtrar grandes cantidades de plancton y krill del agua.

"La alimentación a través de la filtración es la clave del éxito evolutivo de las ballenas barbadas", dijo Erich Fitzgerarld, comisario del departamento de Paleontología Vertebrada del Museo de Victoria, que realizó el estudio con la Universidad de Monash de Melbourne.

Fitzgerald señaló que desde la época de Charles Darwin los científicos han estado intrigados por la forma cómo los misticetos hicieron este cambio evolutivo y pasaron de morder a la presa con los dientes a filtrarla.
El estudio, que situó la adaptación del aetiocétido del Oligoceno tardío en un período más cercano al origen de las ballenas modernas de lo que se creía, encontró que los dientes de "Alfred" tenían rasgaduras horizontales en la superficie interior.

"Esto sugiere que habría succionado pequeñas presas con su boca, como si hubiera sorbido un batido con una pajilla", indicó David Hocking, investigador asociado del museo y la universidad.

Esta características se dan en algunos mamíferos marinos que suelen hacer movimientos hacia adelante y atrás con su lengua para succionar a su presa y ocasionalmente material áspero como la arena.

"(Las ballenas) pasaron primero a alimentarse por succión. Esto llevo a reducir la necesidad de dientes de manera que con el tiempo los dientes se perdieron y apareció la barba de la ballena", dijo otro investigador de ambas instituciones, Felix Marx.