sábado, 28 de enero de 2017

Hatzegopteryx, el gran reptil volador y depredador.



Una cigüeña actual mide unos 2m de envergadura y 125cm de alto. Ahora imagina una cigüeña cuyas alas medían 12 metros de punta punta y cuya cabeza de 3m de largo era tan fuerte que le permitía cazar dinosaurios del tamaño de caballos. Ese monstruo alado existió, y se llamaba Hatzegopteryx.

Los pterosaurios no se cuentan entre los dinosaurios que más inquietud despiertan en el imaginario colectivo. Ese mérito se lo lleva a menudo el Tyrannosaurus rex o los velociraptores que tantas películas han protagonizado. Sin embargo, el Hatzegopteryx es poco menos que un T-Rex con alas. Vivió hace 70 millones de años en una isla del Mar de Tetis que hoy es la cuenca de Hațeg, en Rumanía.

En aquel tiempo, la región era muy diferente. En lugar de bosques de montaña, lo que había era una llanura pantanosa en la que el Hatzegopteryx era el depredador en la cima de la cadena alimentaria. El inconveniente de los pterosaurios de este tipo es que sus huesos eran tan livianos que se ha tardado mucho en localizar los fósiles suficientes como para tener datos claros sobre su especie. A medida que se han ido descubriendo restos, la imagen de dinosaurios enjutos y livianos como los pájaros actuales dan paso a una imagen mucho más brutal.

El último descubrimiento gira alrededor del cuello de estos animales. Paleontólogos de la Universidad de Southampton, en el Reino Unido, han determinado que el cuello del era mucho más grueso y fuerte de lo que se creía. Los huesos anchos y de paredes excepcionalmente gruesas (de 4 a 6 mm) sugieren que el dinosaurio tenía un cuello musculado y fuerte no solo para sostener su enorme cabeza. Los análisis sugieren que era perfectamente capaz de abatir y devorar presas mucho más grandes de o que se pensaba hasta ahora. Si hemos puesto antes la referencia de la cigüeña es porque, pese a su aspecto inofensivo, algunas variedades de esta ave como el Marabú llegan a atacar presas mucho más grandes que ranas o pequeños peces.

El cuello no es el único rasgo sobresaliente de este dinosaurio. Para poder volar con su enorme cabeza, los huesos del cráneo del Hatzegopteryx evolucionaron hasta formar un material ligero y de muy alta resistencia similar al el moderno poliestireno. Aún queda mucho por aprender de este animal de hace 70 millones de años, pero cada vez es un candidato mejor para salir en la próxima película de Parque Jurásico. Fuente New Scientist.

viernes, 27 de enero de 2017

Descubierto un nuevo orden de insectos atrapado en ámbar.



Investigadores de la Universidad Estatal de Oregón (OSU por sus siglas en inglés), han descubierto un insecto de 100 millones de años de antigüedad conservado en ámbar. Tal y como lo describen los científicos, el ejemplar posee una cabeza triangular que le da el aspecto de no proceder de este planeta. Las inusuales características del espécimen hallado son tales que, el insecto, ha sido clasificado en un orden taxonómico propio, un acontecimiento que en el ámbito de la taxonomía entomológica no se ve todos los días.

Existen en la Tierra cerca de un millón de especies de insectos descritas; quizá, otros tantos millones más aún por descubrir. Sin embargo, hasta hace muy poco, todas las especies clasificadas podían incluirse dentro de alguno de los 31 órdenes en los que se subdivide la clase Insecta; incluida en el filo de los artrópodos. Ahora, hay uno más.

El hallazgo, publicado en la revista Cretaceous Research, describe lo que parece ser una hembra de esta especie de pequeño áptero –insectos que carecen de alas-. Su extrema rareza queda patente en las palabras del profesor emérito de entomología en el OSU College of Science, George Poinar, Jr. : “era pequeño, pero tuvo que inspirar mucho miedo. Este insecto tiene una serie de características que simplemente no coinciden con las de cualquier otra especie que conozco".

Poinar, que es uno de los principales expertos del mundo en la investigación de flora y fauna fósil atrapada en ámbar, explica que la especie probablemente viviera en las fisuras de la corteza de los árboles. Esta se alimentaria de ácaros, gusanos u hongos, mientras los dinosaurios merodeaban la Tierra ajenos a su existencia.
"Nunca había visto algo así. Parece ser único en el mundo de los insectos. Tras una discusión considerable decidimos que tenía que tomar lugar en un nuevo orden", añade el experto. nationalgeographic.com

domingo, 22 de enero de 2017

Interesantes hallazgos en el sitio donde impactó el meteorito que acabó con los dinosaurios.



Hace unos 66 millones de años, un meteorito se estrelló en la península de Yucatán en México, lo que desencadenó la extinción que arrasó con los dinosaurios y casi acaba con la vida en la Tierra. Chocó con una energía equivalente a 100 millones de bombas atómicas y dejó una cicatriz de 160 kilómetros de ancho que hoy se conoce como el cráter de Chicxulub.

Hace poco, un equipo de geofísicos perforó la inmensa cavidad que se encuentra en el golfo de México y concentró sus esfuerzos en una serie de elevaciones circulares (anillo de picos) ubicada en su centro. Sus hallazgos muestran que los impactos de gran poder son capaces de catapultar materiales enterrados en las profundidades de la corteza del planeta a zonas mucho más cercanas a la superficie.

“Chicxulub es el único cráter de la Tierra con un anillo de picos intacto del que podemos tomar muestras, pues el siguiente anillo de picos intacto está en la luna”, afirmó Sean P. S. Gulick, geofísico marino de la Universidad de Texas en Austin. “Es el punto de impacto donde se desencadenó la extinción del Cretácico”.

Los resultados del equipo, que se publicaron recientemente en la revista Science, podrían ayudar a dar por terminadas las discusiones sobre la formación del cráter Chicxulub en los minutos que siguieron al choque colosal. Esta investigación podría dar fundamento al modelo teórico de colapso dinámico, que sugiere que el impacto del asteroide fue de tal intensidad que sacudió las rocas en lo profundo de la corteza terrestre y provocó que se dispararan, para después colapsar hacia abajo, a la superficie, dando paso a la formación de los anillos de picos. Sus hallazgos ponen en duda otro modelo cuya teoría es que los anillos de picos se formaron cuando se fundieron áreas superiores de la corteza.

El equipo descubrió algo más durante su excavación. Se percataron de que el granito de las muestras que obtuvieron era más débil y ligero que el granito normal; algunas muestras incluso se desmoronaron en sus manos. Uno de los siguientes pasos del equipo es descubrir cómo fue que las rocas llegaron a ser tan débiles para comportarse como un fluido. Fuente; Canal 44.

viernes, 20 de enero de 2017

El Triarthrus parece posiblemente haber incubado sus huevos.


Cuando se trata de icónicos invertebrados fósiles, los trilobites son los primeros de la lista. Dentro de las rocas de la Era Paleozoica, hace unos 520 a 250 millones de años, se encuentran en una increíble diversidad: grandes, pequeños, puntiagudos, lisos y sencillamente extraños. Sus fósiles han revelado increíble información sobre sus hábitats, estilos de vida e incluso sus sentidos. Sin embargo, un área muy importante de la vida trilobites sigue siendo un misterio: la reproducción.

El estado de New York es famoso por sus bien conservados trilobites, incluyendo al Triarthrus, un tipo de trilobites del Período Ordovícico (hace más de 440 millones de años), comúnmente encontrado con su duro exoesqueleto reemplazado por un mineral brillante conocido como pirita. El era un Triarthrus con el que estaba trabajando el residente de Nueva York, Markus Martin, cuando vio pequeños objetos redondos debajo de algunos de sus segmentos de la cabeza. ¡Huevos!

Los huevos tienen también otra característica sorprendente: su tamaño. No sólo son diminutos, sino que también son mucho más pequeños que la etapa de vida más temprana de cualquier trilobites, lo que sugiere que estas criaturas nacieron más pequeñas de lo que pensábamos. Es posible que incluso tuvieran una etapa de vida temprana blanda y suave desconocida que no se fosilizara bien.

Y luego está el hecho de que los huevos fueron encontrados unidos al adulto. Esto puede ser un signo de algún trilobites estimulado. "El Triarthrus parece posiblemente haber incubado sus huevos - manteniéndolos con él mientras se desarrollaban", sugiere Hegna. (Hay artrópodos de hoy que hacen esto).

Los científicos se han interesado durante mucho tiempo en los hábitos reproductivos de los primeros artrópodos de la evolución (el gran grupo de animales que incluye insectos, arañas, crustáceos y trilobites). Pero la información es difícil de conseguir. "El campo es desafiante porque se requieren condiciones excepcionales para preservar la evidencia", dice Briggs. Fuente: Vista al Mar.

martes, 17 de enero de 2017

Estudiaran la evolución de los Gliptodontes.




De Argentina a Estados Unidos, buscan reconstruir el camino de evolución del gliptodonte Desde el CECOAL de Corrientes, plantean nuevas perspectivas para el estudio de mamíferos prehistóricos.

Durante los últimos 30 millones de años y hasta su extinción hace unos 10 mil años atrás, los gliptodontes fueron uno de los grandes mamíferos que habitaron Sudamérica. Con su cuerpo totalmente protegido por una coraza, se destacaban entre los animales más imponentes de la fauna continental y lograron migrar hasta América Central y del Norte.

Pese al gran número de especies fósiles de gliptodontes que existen en todo el continente americano, la evolución de estos grandes mamíferos herbívoros todavía presenta capítulos inciertos. Para conocer más precisiones de ese proceso, científicos argentinos y norteamericanos proyectan nuevos estudios.

En un reciente viaje a Estados Unidos, investigadores del Centro de Ecología Aplicada del Litoral (CECOAL, CONICET– UNNE) de Corrientes, iniciaron un trabajo conjunto con científicos del Museo de Arizona del Norte, que consistió en un análisis preliminar de las distintas colecciones que contienen restos de gliptodontes. Este primer encuentro permitió intercambiar ideas acerca de ejemplares de distintas partes de Sudamérica y América del Norte y formular nuevas hipótesis respecto a la diversidad de estos mamíferos, que serán profundizadas en el marco de un proyecto conjunto con investigadores del Museo de La Plata, al que también se sumarán especialistas de otros países en futuras instancias.

“Nuestros estudios han demostrado que en algún momento del Pleistoceno y posiblemente relacionado a una glaciación que transformó a América Central en un ambiente propicio para la migración, los gliptodontes norteamericanos entraron a Sudamérica. Así lo atestiguan los restos hallados recientemente en Venezuela y Brasil. Es decir, no solamente llegaron a América del Norte, sino que luego de algunos millones de años volvieron a Sudamérica, ya diferenciados en un género diferente”, explica el investigador independiente del CONICET en el CECOAL, Alfredo Zurita, uno de los principales especialistas en gliptodontes del país.

A diferencia de otros grupos de mamíferos emparentados (como los perezosos y los armadillos), los gliptodontes fueron relativamente poco estudiados, pese a haber sido bastante comunes en toda América. El objetivo de los paleontólogos argentinos y norteamericanos es realizar un estudio detallado, comparando la diversidad y evolución en América del Sur y del Norte de los gliptodontinos, una subfamilia particular dentro de los gliptodontes. Con estos resultados, podrán establecer las diferencias o similitudes que tuvieron estos mamíferos en las distintas áreas y conocer más acerca de su evolución.

“Hasta hace un tiempo atrás sabíamos muy poco de los gliptodontinos excepto que, dentro de la notable diversidad de gliptodontes que habitó Sudamérica, fueron probablemente los únicos en llegar a América del Norte, con una historia que es muy particular. Estimamos que tuvieron su origen en el norte de Sudamérica, hace unos 12 millones de años y que hace unos 8 millones de años arribaron al sur de Sudamérica, gracias a que en ese momento existían grandes planicies –en lo que fuera denominada la “Edad de las Planicies Australes”-, que facilitaron los procesos de migración. Sin embargo, los gliptodontinos parecen haber sido muy escasos en estas latitudes durante varios millones de años hasta que, repentinamente y hace unos dos millones de años, pasaron a ser uno de los grupos más comunes de gliptodontes”, señala Zurita.

Junto con el grupo norteamericano liderado por el paleontólogo David Gillette, del Museo de Arizona del Norte, los científicos argentinos recorrieron en Estados Unidos distintas colecciones paleontológicas que cuentan con materiales de gliptodontinos. “Este encuentro fue clave para ambos grupos de investigadores porque nos permitió cotejar ideas, interactuar y ampliar el panorama de los estudios que existen en todo el continente acerca de los gliptodontes y sus procesos migratorios. Generó un panorama nuevo y tenemos que empezar a trabajar con conceptos radicalmente distintos, basados en una evolución morfológica sumamente lenta y en que la diversidad siempre fue mucho mayor en Sudamérica con respecto a América Central y del Norte”, explica el investigador.

“Se pensaba que los gliptodontinos habían tenido una evolución rápida desde que ingresaron a América del Norte, dado que se encontraron con un ecosistema diferente, al que debieron adaptarse. Sin embargo, lo que observamos ahora es que prácticamente no tuvieron cambios morfológicos importantes en casi 4 millones de años. De hecho, es posible que los fósiles de 4 millones de años y aquellos de 30 mil años correspondan a una misma especie. Incluso, su distribución geográfica fue bastante limitada, ya que ningún gliptodontino superó los 35° de latitud norte. La diversidad de gliptodontes en América Central y América del Norte parece ser asombrosamente baja en comparación con lo que estamos viendo en Sudamérica”, indica Zurita.

“Este nuevo escenario que se nos presenta nos obliga a reinterpretar mucho de lo que creíamos saber sobre la evolución y diversidad de los gliptodontes en general, tanto en América del Sur como en América del Norte. Ese es un proceso muy interesante, propio de la ciencia: a veces uno tiene una idea dando vueltas en la cabeza durante décadas, pero no puede terminar de cerrarla porque falta algo. Nos pasaba lo mismo tanto a nosotros como a los investigadores de Estados Unidos y este encuentro nos permitió configurar nuevas perspectivas para todos,” finaliza el paleontólogo. Por Cecilia Fernández Castañón. CCT Nordeste. Conocet. Imagen ilustrativa de un Gliptodonte en el Museo de Santiago del Estero, Argentina.